Historia, arte y ciudad

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La desorientación como brújula

A lo largo de la historia mujeres y hombres han utilizado el caminar como práctica desorientadora, caminando sin rumbo, sin prisa, sin destino y deambulando a la deriva para poner en cuestión muchas de las fronteras metafóricas y reales que nos impone el sistema productivo capitalista como hizo Guy Debord y los Situacionistas en el París previo al Mayo del 68. 

Son prácticas que subvierten el orden de lo establecido, algunas son incómodas y perturbadoras como el voyeurismo urbano de Sophie Calle que cuestiona los límites de la privacidad y el derecho de la mujer a ocupar el espacio público como observadora activa.  Otras intentan hacernos reflexionar sobre el uso del tiempo como el flâneur parisino de Walter Benjamin que sacaba a pasear una tortuga como símbolo de rebeldía ante la aceleración de la vida. 

En este caso, esta desorientación intencionada nos devuelve por momentos al camino de la reflexión.

Son historias de caminantes a contracorriente de su sociedad. Una sociedad de espectadores modernos surgidos de la Revolución Industrial. Ahí nació todo lo que define nuestro carácter urbano: las ciudades, la aceleración, la estandarización del tiempo y sobre todo una ávida necesidad de novedades para consumir incluidos nosotros mismos como mercancía.

Esta es una pequeña guía para los solitarios y solitarias entre la multitud, que saben que no todos los que vagan están perdidos.

  1. Guy Debord y las Derivas Urbanas
  2. Sophie Calle, el voyeurismo hecho arte